martes, 22 de marzo de 2011

Maldita yo, la infeliz, la inmortal.




Mis pies se han desgastado con este caminar pesado,  pues he andado más que lo que la memoria es capaz de recordar. El tiempo se ha detenido en mi piel y mi cuerpo, reloj de arena, dorada dermis que es del sol añoranza por la belleza que me acosa persiguiendo mi silueta sinuosa.
Incluso los demonios se deleitan con el verme padecer de tan inútil humanidad, enfermedad más grave que la muerte puede hallar, he contraído, indeleble eternidad.
Ya no siento, ya no amo, ni peno por hambre o por sed, las personas son sólo sombras corroídas de identidades robadas, tan únicas, tan efímeras que no puedo arriesgarme a con ellas relacionarme. Y es un peso que presiona mis entrañas, una voz que suprime mis añoranzas, es el no morir un castigo peor que el perecer.
El tiempo parece ir tan lento cuando el aquí y ahora es solo una fracción de una vida que persigue constante al infinito inimaginable e intangible. Necedad incauta de conocer el mundo, de saber de cada cosa habida y de cada aliento escrito, son entonces los libros mis únicos amigos en las noches de tibio surrealismo.
Dicen que la vida es corta para aferrarse al arrepentimiento, pero la mía no se merma con cada segundo que pasa, verán, soy yo la muerte y es por ello que mi propia maldición es la inmortalidad.

Soy Eterna.

-Si la muerte fuera un ente ¿gozaría su trabajo?¿se burlaría del humano y de todo ser destinado a perecer?, tal vez.

1 comentario:

  1. Me encanto tu trabajo daniela, quisiera que los mios fueran tan buenos...talvez me esfuerze mas ahora cuando nos deje algo la profesora.

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